¿Sabe usted realmente quiénes son los diputados por quienes va a votar?

¿Sabe usted realmente quiénes son los diputados por quienes va a votar?

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Los diputados duran cuatro años en su cargo y son elegidos mediante un sistema electoral, coloquialmente conocido como “lista sábana”, que consiste en que los partidos elijan internamente a todos los candidatos sin consultar con nadie fuera de su seno, colocándolos en una boleta electoral que hay que votar por entero. El resultado es que en las listas figuran personas que pertenecen a determinada agrupación, pero que generalmente son ilustres desconocidos para quiénes se ven obligados a votarlos en los comicios. En definitiva, no representan a quién los votan, quienes -con suerte-, conocen a uno o dos de la lista. A los “desconocidos”, por su parte, se les otorga un mandato que incluye disponer de sumas inmensas, adoptar decisiones con enorme influencia en la sociedad, y a quienes nunca se les podrá reclamar nada. Son virtualmente impunes. Se trata de mandatarios por completo ajenos a sus mandantes.

El acto de votar del ciudadano común es un acto mecánico, que se reduce a tomar una boleta para permitir que un desconocido gobierne en su nombre. O sea que el ciudadano le entrega a una persona, cuyos méritos y aptitudes se ignoran y a quién normalmente no se vio jamás, la posibilidad de resolver su destino. Así las cosas, lo que usted entrega a un diputado nunca lo haría con un particular, salvo que lo conociera mucho y de largo tiempo atrás. Nuestro sistema electoral se ha vuelto inaceptable. Cuando el diputado es elegido de esa manera y asume el cargo, muchas veces no se siente obligado por nada ni por nadie a escuchar a sus electores, ni a responderles de ninguna forma. Normalmente no los recibe, ni les contesta cartas o llamados telefónicos. Nuestros diputados saben perfectamente que quienes hicieron posible su cargo no están en condiciones de reprocharles nada. Entre otras cosas, es por esto que los resultados no pueden ser mejores que los que son. No hay duda de que en nuestro medio hay diputados que cumplen con su deber y brillarían en cualquier Parlamento del mundo, pero el método para su elección no garantiza la excelencia de la mayor parte. En Estados Unidos, Chile o Inglaterra, entre otros varios países, los diputados son elegidos por distritos, y a los comicios se presenta un candidato por partido para esos ámbitos geográficos, de manera tal que no tiene más remedio que darse a conocer lo más posible por sus conciudadanos, y así demostrar que es mejor que sus oponentes. Y, desde luego, sentirse obligado a cumplir con quienes lo ungieron para un cargo. A un representante así electo, en relación con el votado según nuestro sistema, le resulta mucho más difícil negarse a recibir a quien  quiere exponerle un problema o solicitar una medida de gobierno. Cuando uno habla con ciudadanos de países donde los diputados son elegidos en forma “personalizada”, es relativamente frecuente escucharlos señalar en su conversación que fueron a ver por algún motivo al representante de su distrito cuando las circunstancias se lo demandaron. Entre nosotros, son muy pocos los que lo intentan, ya que es notoriamente difícil ser recibido, y si acaso puede llegara con suerte a comunicarse con algún colaborador…

Con este panorama, si queremos tener diputados de escasa envergadura, que no controlen el destino de nuestros impuestos mientras votan leyes que no estudiaron, ni vigilen que los funcionarios cumplan con su deber, y a los que encima resulta muy complejo acceder, es recomendable, lector amigo, que sigamos con el presente régimen electoral. Si, en cambio, se pretende mejorar la eficiencia y competitividad de nuestra economía, bajar los precios internos y expandir la producción, contar con la seguridad, la educación y la salud que necesita para usted y su familia, es menester escoger mejores diputados que los que habitualmente nos representan, funcionarios que se hayan tomado el trabajo de conocer lo que el pueblo demanda. No es viable continuar con la famosa “lista sábana”, urge modificar el vigente régimen electoral. Prueba de que el tema por el cual se aboga en estas líneas es acertado, lo brinda una señora argentina virtualmente desconocida, que se dedicó durante varios años a hablar con la gente, visitarla, escucharla, conocer sus problemas y hacerse un nombre en la Provincia de Buenos Aires. Su actitud enérgica posibilitó que el pueblo comprendiera que, por fin, se habían acabado los discursos, y que allí aparecía alguien de carne y hueso, con afán de informarse sobre lo que realmente apremiaba abordar, y así comprometerse con su resolución. La respuesta de la gente fue un alud de votos a su favor eligiéndola como gobernadora de su provincia, por resultar alguien confiable al momento de representar sus intereses. Le ganó a todos. Lector, disculpe lo que le voy a decir, pero, aunque se enoje, debo asegurarle que la mayoría de las personas que hemos votado a lo largo de nuestras vidas a legisladores que no nos representaron correctamente, somos los únicos culpables por no exigir que sean elegidos de una manera que permita indagar sobre quiénes son y cuánto valen. Hace unos treinta y cuatro años que esta pluma aboga por abolir las “listas sábanas” y por retornar al régimen electoral por circunscripciones (distritos), aplicado en 1904 por Julio Argentino Roca y su ministro Joaquín Víctor González, que permitió elegir por el barrio de La Boca a Alfredo Lorenzo Palacios, uno de los más grandes parlamentarios argentinos del que se tenga memoria. Espero que con su ayuda, lector, no tenga que seguir insistiendo en esta cuestión.

Espero que con su ayuda, lector, no tenga que seguir insistiendo en esta cuestión…durante otros treinta y cuatro años.

Juan José Guaresti (nieto)

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